La última llamada
 
Un grupo de ancianos en Australia desafía la legislación de su país con el fin de conseguir el derecho a morir por su propia mano, evitando el sufrimiento, la degradación física y moral y la dependencia en grado extremo.

En muchos casos desechan la posibilidad de acabar sus días en una residencia impersonal, bajo el control de la profesión médica y exigen poder elegir su fin dignamente, sin dolor, sin agonía y rodeado de los suyos.

Documentos TV revela que del año 2002 hasta el 2005, mil cien australianos, en su mayor parte hombres, han recurrido al suicidio mediante formas violentas de muerte, tales como el ahorcamiento, un método brutal para el individuo e inmensamente doloroso para aquellos seres queridos que quedan atrás. Por eso y para no ser presa de decisiones desesperadas, un grupo de mayores, de ochenta a noventa años, ha decidido fabricar, clandestinamente el "nembutal", una droga mortal y prohibida para uso humano.

En Australia, el simple hecho de poseer esta droga, sólo utilizada para sacrificios veterinarios, acarrea una pena máxima de dos años de cárcel. Y la fabricación no autorizada de la misma puede conllevar hasta quince años entre rejas.

En 2006 más de 100 mayores australianos se desplazaron hasta Tijuana, Méjico, para comprar esta droga para sí mismos o para su posterior venta en su tierra. Pero otros, aquellos cuya salud es demasiado frágil para superar semejante viaje, han decidido ponerse manos a la obra, desafiar al estado y elaborar su propio "Nembutal". Y lo han hecho de forma casera, mediante alambiques y fogones, tomando todo tipo de precauciones con sustancias químicas peligrosas. De hecho, corrían el riesgo de salir volando por los aires, pero al final consiguieron la pócima deseada. Y ahora otros cuatro grupos distintos, diseminados por el país, siguen su ejemplo.

Todos ellos son seguidores del polémico Philip Nitschke, un médico activista a favor de la eutanasia, muy cuestionado por grupos pro vida. Pero a pesar de las críticas de índole ético, Nitschke y sus ancianos discípulos están dispuestos a plantar cara a la sociedad y quebrantar la ley con tal de reivindicar el derecho de cada individuo de elegir el momento de su muerte y poner fin a su vida de la forma más digna e indolora posible.